sábado, 22 de marzo de 2014
Reflexión
No pude asistir a la entrevista y por ello, Antes de comenzar a divagar, me gustaría agradecer la colaboración de nuestro antiguo maestro Miguel, pues no hay que olvidar que es totalmente altruista. Hay muchas parrafadas, ideas y pensamientos plagiados desde mi propia óptica, claramente inspirados en algunos de sus discursos de didáctica.
Ahora sí, comienzo yendo al grano quedándome con la idea de innovar como reforma global. La innovación no es sinónimo de empleo masivo de las TIC. En la línea argumental de mi compañero Adrián, opino que la innovación puede ser llevada a cabo de forma exitosa sin disponer de suculentos medios y herramientas tecnológicas. El ejemplo es claro: para qué usar tablets, ordenadores portátiles en aula TIC, plataformas virtuales novedosas si el fin es el mismo error (bajo mi propia óptica, claro), consistente en medir con pelos y señales el proceso de aprendizaje.
Es decir, seguir empeñados en calificar todo numéricamente a través de un sinsentido de pruebas pero, eso sí, ahora sustituyendo el papel por el ordenador. Por el contrario, un docente con una tiza puede hacer más innovaciones siempre que sea consciente, tal y como dice Miguel, de su propio compromiso y a su vez sepa cómo trasladarlo al aula de forma eficaz. Está claro que en el segundo ejemplo las tecnologías supondrían un salto cualitativo, sin duda.
Ahora bien, me retraigo en cuanto a la idea de innovar como proceso sencillo, dado que significa un alto grado de experimentación y lo que ello conlleva: cambio y riesgo. Sin embargo, sin ánimos de ser populista, tiro de tópico y me quedo con aquella frase que advierte de que quien arriesga, no gana.
Poco a poco, desde la inexperiencia idealizo mi concepto de innovación como algo que incluye aspectos democráticos de flexibilidad, progreso y calidad educativa, ya que es evidente que la escuela ha de progresar y mejorar sus estructuras como uno de los muchos síntomas de avance continuo de nuestra sociedad. No obstante, la paradoja que no podemos olvidar reside en que el proceso es utópico en tanto que, conforme avanzamos dos pasos, descubrimos que hay millones aún por dar.
Dicho lo cual, innovar empieza por perder el miedo al igual que otros individuos que lucharon por una sociedad mejor, sin perder de vista todos los pasos que ya se han dado y teniendo en cuenta que quizá el cambio lo vivan otros. Desde esa perspectiva, sería positivo considerar aspectos como la educación emocional, la diversidad como fuente de aprendizaje, la introducción de nuevos juegos, dinámicas y herramientas activas e interactivas que secunden una escuela cada vez más natural, lejos de artificialismos y ambientes de aprendizaje simulado donde resaltan procesos memorísticos vacíos.
Sin más palabrería, finalizo añadiendo que todo ello es necesario en un mercado global y activo tan en boga que necesita miembros de un perfil diferente. Es indudable que la escuela ha de formarlos en concordancia con esto para darles un trabajo futuro, pero no hay que olvidar que es igualmente importante que sepan valorar el proceso de toda su trayectoria de formación, pues, en mi humilde opinión, es lo que satisface al lograr un fin.
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